Tras la descontaminación, vuelve la confianza

En la madrugada del 12 al 13 de agosto de 2015, una potente deflagración arrasa los almacenes de productos químicos del puerto chino de Tianjin y las viviendas cercanas. Preocupadas por una inminente contaminación tóxica de envergadura, las autoridades acuden a Veolia, empresa implantada en la región y reconocida por su saber hacer en materia de tratamiento de residuos peligrosos. En total, el Grupo recogerá y procesará más de 10.000 toneladas de aguas residuales contaminadas en pocas semanas.
Información básica
Incidencia
Gestionar con carácter urgente una contaminación secundaria mortal, tras la explosión de productos químicos en un centro de almacenamiento portuario.
Objetivo
Evaluar, analizar y limitar los peligros inmediatos; transportar los productos peligrosos hacia un centro especializado y garantizar su tratamiento.
La respuesta de Veolia
Transformar, en un periodo de seis meses, más de 10.000 toneladas de aguas residuales contaminadas con cianuro de sodio en residuos certificados.

Es difícil imaginar qué sienten los socorristas aquel 12 de agosto de 2015 de camino hacia el lugar de la deflagración que empieza a afectar a Tianjin. Aunque en ese momento nadie puede calcular las dimensiones de la catástrofe, los más experimentados saben que deben esperar lo peor. Dos explosiones acaban de reventar una de las seis enormes terminales de contenedores del puerto de Tianjin, puerta marítima de la industria química china por la que pasan a diario centenares de miles de toneladas de productos peligrosos.

Un equipo del Centro integrado de tratamiento de residuos peligrosos de Veolia en Tianjin llega al lugar pocas horas después de la tragedia, bajo las órdenes de Cai Ling, su directora general. “Teniendo en cuenta el volumen de los productos químicos peligrosos almacenados en la instalación, pensé inmediatamente en el impacto medioambiental que la explosión podría tener si no se realizaba a tiempo la limpieza y el tratamiento”, explica Cai Ling.

Veolia tiene, pues, un papel clave en las operaciones de limpieza del lugar. De hecho, la empresa posee las instalaciones más importantes de tratamiento de residuos peligrosos de Tianjin, en el que se pueden tratar 48 de los 49 productos peligrosos clasificados por el Gobierno (explosivos no incluidos). “Nuestra primera reacción consistió en planificar y poner a disposición los equipos, el personal y los vehículos necesarios para las operaciones de auxilio posteriores a la catástrofe», prosigue Cai Ling.

A medida que llegan los primeros equipos de limpieza, la imagen empeora: más de 111 tipos de mercancías peligrosas están almacenados en los 54.000 m2 de la zona de la explosión, entre los cuales se encuentran 800 toneladas de nitrato de amonio y 700 toneladas de cianuro de sodio dispersas. La rotura de imponentes conductos de agua hace temer una contaminación medioambiental dramática y una contaminación de la red de agua potable de la ciudad. El Gobierno decide delimitar la zona de la explosión, permitir el acceso a las personas con autorización especial y proceder a la descontaminación de todos los vehículos que salen del perímetro. También decide confiar a varias empresas, entre las cuales Veolia, la tarea colosal de salvar a Tianjin de una catástrofe medioambiental de grandes dimensiones.

El arte delicado de la descontaminación

Aunque el Centro de tratamiento de residuos peligrosos de Veolia en Tianjin acumula más de quince años de experiencia en la gestión operativa de los residuos peligrosos y trata a diario residuos contaminados de cianuro, nunca antes se había enfrentado a un reto de semejante magnitud. “Se trata de la operación de limpieza más importante jamás hecha en China”, explica Cai Ling.
Para Veolia, la limpieza de más de 10.000 toneladas de aguas utilizadas y contaminadas con cianuro de sodio expandidas durante la catástrofe exige mucho rigor y tiempo. “Las aguas utilizadas del lugar de la explosión se habían dispersado mucho, y el terreno del siniestro dificultaba las intervenciones”, explica Cai Ling. En un primer momento, los expertos de Veolia toman muestras para determinar la naturaleza de los productos tóxicos expandidos. Los resultados de las pruebas realizadas en laboratorio muestran principalmente una contaminación por cianuro. De inmediato, se diseña un plan de acción.
Una vez recolectadas, las aguas utilizadas contaminadas con cianuro se transfirieren a las dos instalaciones del centro de tratamiento de residuos especiales. Las más contaminadas se trasladan directamente a incineración. El resto se puede descontaminar mediante un proceso fisicoquímico, respetando estrictamente la normativa medioambiental local vigente. Después de seis meses de trabajo la operación finaliza a principios de 2016.

Tianjin, el nuevo El Dorado económico

El nuevo distrito de Binhai, en Tianjin, donde tuvieron lugar las explosiones del 12 de agosto de 2015, desempeñó un papel clave en la transformación de la industria química china, gracias a los miles de millones de dólares inyectados por los inversores y a la construcción de fábricas ultramodernas de los líderes del sector. Apenas pasado un año desde su creación, en abril de 2015, 285 empresas clasificadas en la Fortune Global 500 invirtieron en el proyecto, lo que dio vida a la única zona de libre comercio del norte del país. Este centro neurálgico incentiva la innovación y pretende ser un apoyo a la reforma económica de China y de su política de apertura industrial.
Veolia es una de las empresas que ha contribuido a esta transformación. De hecho, el Grupo ofrece soluciones de gestión del agua y de los residuos a numerosas empresas químicas presentes en el nuevo distrito.
Su saber hacer tecnológico es, sin duda, una de las claves del éxito de Veolia. Pero, para las empresas y autoridades locales, también posee otra gran baza: su dominio a escala internacional de las problemáticas relacionadas con la salud y la seguridad. Un criterio nada despreciable en una China inmersa en una nueva estrategia industrial y medioambiental, de la cual Binhai es el ejemplo perfecto.

 


Riesgos del progreso

Cianuro de sodio

El cianuro de sodio es uno de los venenos más mortales del mundo. En tanto que inhibidor del transporte de oxígeno, supone, incluso en dosis mínimas, la asfixia de los organismos vivos y, en consecuencia, una muerte rápida. Así, pues, el menor de los residuos (basta con unos miligramos) debe pasar por una intervención rápida para evitar una catástrofe medioambiental.

Durante la última década, China ha desarrollado un dispositivo reglamentario en el ámbito medioambiental que se cuenta entre los más estrictos del mundo. El tratamiento de las aguas industriales, por ejemplo, ilustra la evolución mencionada. Según el gabinete KPMG, el mercado chino de los productos destinados al tratamiento del agua representará 3.300 millones de dólares anuales el 2018. Desde la adopción, en 1984, de la primera ley sobre la prevención y la gestión de la contaminación del agua, la normativa en este campo no ha dejado de reforzarse; y prácticamente cada año entran en vigor nuevas medidas destinadas a los responsables de la explotación de plantas químicas. Desde la explosión de Tianjin, la modernización de la industria química avanza sin parar. Las normativas recientes controlan si cabe más de cerca el tratamiento de los residuos peligrosos; y se ha revisado la ley sobre la seguridad química a nivel nacional y provincial. En Tianjin, solo durante el 2016, la intervención del gobierno local condujo al cierre de 68 empresas de productos químicos por prácticas ilícitas o peligrosas, y se impusieron 3.606 medidas correctivas por infracciones contra la seguridad.

Cai Ling,
directora general del Centro integrado de tratamiento de los residuos peligrosos de Veolia Tianjin.

Cai Ling se muestra orgullosa del trabajo realizado por Veolia justo después de la explosión. “La rapidez y la profesionalidad de los equipos en las horas y días siguientes a las deflagraciones me convencieron, si era necesario, del sólido compromiso social y responsable del grupo, además del alcance de su saber hacer”, confiesa. Huyendo de tópicos, Cai Ling describe el tratamiento de los residuos peligrosos como un oficio en el que se conjugan dominio técnico y tenacidad. “Por lo general, creemos que la industria de los residuos requiere pocas competencias. Se relaciona con la suciedad, y la gestión de los residuos peligrosos se considera especialmente arriesgada”, prosigue. “Pues bien, se trata de un ámbito que exige un conjunto de conocimientos técnicos de nivel elevado y competencias sólidas en materia de prevención y gestión de riesgos. Además, para triunfar en este sector se necesitan aptitudes de gestor, ser paciente, perfeccionista, decidido y perseverante”, concluye.